Terreno Barrio Hotel

Palma de Mallorca

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Terreno Barrio Hotel es un hotel urbano de 41 habitaciones situado en El Terreno, en el eje de Joan Miró, y construido a partir de una condición poco habitual: dos piezas radicalmente distintas que se necesitan mutuamente. Por un lado, un edificio protegido de 1935 (Francesc Casas), un híbrido entre regionalismo y racionalismo, atravesado por intervenciones estructurales tardías —toscas, pero eficaces— que hoy forman parte de su biografía. Por otro, una parcela que permite levantar un edificio nuevo de siete plantas, concebido como contrapunto contemporáneo: una estructura de madera CLT diseñada bajo criterios estrictos Passive House (no certificado) y con certificación LEED Platinum

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Terreno Barrio Hotel es un hotel urbano de 41 habitaciones situado en El Terreno, en el eje de Joan Miró, y construido a partir de una condición poco habitual: dos piezas radicalmente distintas que se necesitan mutuamente. Por un lado, un edificio protegido de 1935 (Francesc Casas), un híbrido entre regionalismo y racionalismo, atravesado por intervenciones estructurales tardías —toscas, pero eficaces— que hoy forman parte de su biografía. Por otro, una parcela que permite levantar un edificio nuevo de siete plantas, concebido como contrapunto contemporáneo: una estructura de madera CLT diseñada bajo criterios estrictos Passive House (no certificado) y con certificación LEED Platinum

Desde el inicio, el proyecto se formula como una postura ética y urbana: “queremos darle más al barrio de lo que cogemos de él”. Terreno no se plantea como un objeto turístico que se impone, sino como un dispositivo de intercambio; un hotel que, antes que hotel, quiere ser extensión del barrio. Esa intención no es un eslogan: es el criterio que ordena programa, accesos, atmósferas y materialidad.
Concepto arquitectónico: bazar + escenario, unidos por un callejónLa arquitectura se organiza como un pequeño sistema urbano compuesto por tres piezas conceptuales:El bazar: en el edificio nuevo, la planta baja y los niveles de contacto se...
Concepto arquitectónico: bazar + escenario, unidos por un callejón

La arquitectura se organiza como un pequeño sistema urbano compuesto por tres piezas conceptuales:

El bazar: en el edificio nuevo, la planta baja y los niveles de contacto se ocupan con usos pensados tanto para huéspedes como para vecinos y usuarios externos: cafetería, coworking, take-away, librería/galería, pop-ups, gimnasio, spa y cine. Un bazar no como mercado pintoresco, sino como máquina social: intercambio de ideas, de cultura, de oficios, de ritmos cotidianos.

El escenario: en el edificio histórico, la planta baja está elevada un metro sobre la calle. Lo que podría leerse como problema de accesibilidad o de “falta de comercialidad” se convierte en estrategia: esa cota transforma el frente urbano en una platea. La recepción, el bar y el restaurante se disponen como un interior público que se ofrece a la ciudad “un poco por encima”, con la lógica de mirar y ser mirado: hospitalidad como performance.

El callejón: entre ambos edificios aparece el verdadero corazón del proyecto. Ese vacío —privado por definición— se convierte en espacio abierto y “de barrio”: un pasaje exterior donde las actividades del bazar y del escenario se reflejan, se mezclan y se celebran. Es también un gesto territorial: el callejón trabaja en la dirección barrio–mar, reforzando una idea de permeabilidad urbana más allá del perímetro del hotel. En Terreno, lo más importante no es la forma, sino la relación.

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Cuatro estrategias generales: conservar, actuar, mezclar, disfrutarEl proyecto se puede leer como la síntesis de cuatro estrategias —a la vez conceptuales y operativas— que se superponen:1. Conservar lo existente con una veladura contemporánea. En el edificio de 1935, la sostenibilidad más directa es la que evita demolición y...
Cuatro estrategias generales: conservar, actuar, mezclar, disfrutar

El proyecto se puede leer como la síntesis de cuatro estrategias —a la vez conceptuales y operativas— que se superponen:
1. Conservar lo existente con una veladura contemporánea. En el edificio de 1935, la sostenibilidad más directa es la que evita demolición y sobreintervención. La estrategia es “hacer lo mínimo” a nivel estructural, convivir con las capas consolidadas (incluidas las intervenciones del final del siglo XX) y cuidar los elementos históricos que aún sostienen el carácter del lugar. Las nuevas actuaciones se hacen legibles: sin pastiche, sin falsear lo que nunca existió; una nueva capa histórica, honesta.
2. El hotel como escenario. La planta baja elevada se interpreta como un dispositivo teatral. El proyecto asume sin complejos que la hospitalidad también es representación: un umbral que activa el cuerpo, un espacio donde el movimiento se convierte en signo. Por eso, todo lo que implica circulación y acción se codifica en rojo: rampa de acceso como alfombra, escaleras, cabina del ascensor, taburetes, el escenario del club y el carrito móvil de postres/licores. Movimiento aquí significa espectáculo: divas, fuego, actuación.
3. El hotel como bazar. El edificio nuevo amplía el repertorio urbano del barrio con un conjunto de programas “no-hotel” que producen vida estable: trabajar, entrenar, leer, tomar café, comprar una pieza, entrar a una sesión, volver a salir. El hotel deja de ser un fin y pasa a ser infraestructura.
4. Eco-sexy: sostenibilidad hedonista. Terreno no plantea ecología y placer como opuestos. La sostenibilidad se entiende como condición para el confort y como cultura material: “la energía más sostenible es aquella que no se consume”. El proyecto busca ser riguroso en desempeño y, a la vez, deseable en experiencia: un edificio que reduce demanda y mejora vida.
Construcción1/9
Estrategia ambiental y constructiva: demanda primero, carbono despuésEl edificio nuevo se diseña con lógica Passive House (aunque no se certifique): consumo energético objetivo por debajo de 14 kWh/m²·a (demanda), y una envolvente que trabaja con precisión. La fachada de lamas verticales de madera certificada se abre y se...
Estrategia ambiental y constructiva: demanda primero, carbono después

El edificio nuevo se diseña con lógica Passive House (aunque no se certifique): consumo energético objetivo por debajo de 14 kWh/m²·a (demanda), y una envolvente que trabaja con precisión. La fachada de lamas verticales de madera certificada se abre y se cierra con control domótico para optimizar soleamiento, permitiendo la entrada de sol en invierno y bloqueándolo en verano. La madera se protege con lasur oscuro (no quemado): no como gesto estético, sino como decisión de durabilidad, transpirabilidad y mantenimiento por capas, favoreciendo una reparabilidad real y un envejecimiento más estable, alineado con el discurso sostenible (y con la ambición del edificio). En la fachada norte, el aislamiento aparece sin maquillaje: el corcho natural se muestra como material climático.

La estructura de CLT no es solo un “material verde”; es un cambio de régimen constructivo: precisión, velocidad, reducción de huella incorporada y una atmósfera interior que desplaza la idea de lujo desde el brillo hacia la calidad ambiental.

Circularidad y cultura del oficio: Mallorca como cadena completa

La circularidad aquí se hace concreta: parte de los materiales provenientes de la demolición del edificio existente se recuperan y se transforman. Es significativo el ciclo de los nuevos elementos de terrazo (suelos, lavabos, duchas) fabricados en Campos con Huguet a partir del propio material demolido: el edificio reaparece en sí mismo, reescrito.

En paralelo, el mobiliario se entiende como capítulo arquitectónico: diseño de OHLAB y producción local, un esfuerzo deliberado por activar una red de artesanos y diseñadores mallorquines —de marcas consolidadas a talleres emergentes— para que el proyecto no “importe” identidad, sino que la fabrique desde materia, oficio y creación de Mallorca.
Dos tipos de habitaciones: dos maneras de habitar la capa histórica

Las habitaciones no se homogenizan: cada edificio propone una lógica espacial distinta.

En el edificio histórico, la habitación se organiza por una línea horizontal que separa dos mundos: arriba, lo existente; abajo, la nueva capa cromática que inunda hasta el último detalle. Entre ambos, un tubo de neón —trazo del artista mallorquín Pedro Óliver— cose lo antiguo y lo nuevo. Cada habitación incorpora además un óleo: una colección de pinceladas de un solo gesto que construyen volumen y correspondencias de luz con el neón.

En el edificio nuevo, el universo gráfico de Albert Pinya entra como mural/graffiti en cada habitación: personajes que, desde un optimismo casi pop, reflexionan sobre eficiencia energética, recursos locales y huella de carbono. Aquí, el pavimento de madera se pliega para formar cabecero y respaldo; los baños se conciben como cajas de espejo one-way que permiten ver el balcón desde la ducha; el espacio se convierte en una pequeña escena doméstica donde técnica y relato conviven sin solemnidad.

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