La solución adoptada responde a la gestión y desarrollo de un pequeño museo de carácter historiográfico y arqueológico, no limitándose al “recinto/espacio” que alberga las ruinas, sino que trasciende al exterior, ocupando la plaza frente al mismo, ordenando la cornisa sobre la Ría y alcanzando incluso el gesto y atrevimiento de implantarse sobre el agua a modo de “batea cultural”. La propuesta es, además, un “ideario” que va más allá de las exigencias del programa y permitirá, en su momento, el desarrollo de nuevas opciones lúdico/culturales en el ámbito externo al edificio/museo, apoyándose en propuestas urbanísticas que exige reordenaciones del tráfico rodado, aprovechamientos del espacio públicos, tratamientos del borde litoral, e incluso la utilización de un “área flotante” en la ría, como plataforma de eventos sobre el agua.
El nuevo museo se define en sí mismo, como un espacio que asume, con exigencia, conservar y propagar la memoria histórica de la Ciudad de Pontevedra: reforzar el sentimiento de identidad de los ciudadanos y sintetizar las diferentes interpretaciones desde la práctica arqueológica, histórica y etnográfica. El Museo, habrá de ser un espejo interactivo de la ciudad, sentando las bases didácticas de un “Centro de Interpretación del Patrimonio”, además de proporcionar un sistema de producción y difusión de entendimiento, como flujo de conocimientos para las nuevas generaciones. Será además un espacio abierto y permeable a otras actividades externas y que mantendrá permanentemente su relación con el marco histórico donde se enclava y el borde de Ría al que se asoma. Su exterior es una plataforma para múltiples actividades lúdicas y culturales convirtiendo el espacio que genera en un lugar de referencia y de encuentros, que acepta el liderazgo de la modernidad en un hermanamiento permanente con la tradición y con la historia.